
Parece ser que el velo islámico vuelve a ser el elemento que pone en peligro la cultura y la sociedad occidental, o al menos, la catalana. El caso es que leyendo La Vanguardia, me encuentro con la noticia de que una chica "velada" dejó sus clases de inglés porque la profesora le pidió que se sacara el velo en clase. La chica había denunciado a la escuela por lo que consideraba un trato discriminatorio. Ahora bien, lo mejor de la noticia fue leer los comentarios que dejaba la gente, unos 102 en el momento de la consulta: casi ninguno intentó plantearse realmente la cuestión sino que se aprovechó la noticia para lanzar consignas populistas anti-inmigración. En este post intentaré rebatir el argumento más utilizado por aquellos a los que llamo "los nuevos islamofóbicos".
En efecto, uno de los argumentos más oídos es que el velo representa la sumisión de la mujer frente al hombre y por lo tanto, en una sociedad basada en la igualdad no se deberían permitir este tipo de símbolos. Un primer problema se presenta, como lo señaló el diario El País en su edición del domingo, al pensar en las implicaciones de tal afirmación: si es el símbolo de la sumisión de la mujer frente al hombre, debería prohibirse en cualquier ámbito público y no sólo en la escuela. Otro problema que presenta este argumento reside en el campo de la libertad personal. En efecto, quitando los casos en que las niñas son "obligadas" a llevar el velo, existen muchas preadolescentes y adolescentes que deciden poner el velo por muchos motivos que no son sólo estrictamente religiosos. La palabra clave es decisión: una decisión que puede que sea libre o no, al fin y al cabo no creo que existan las decisiones basadas en la completa libertad, pero son decisiones. Ellas, educadas en los valores islámicos, creen que deben llevar el velo y los demás deberíamos respetar su decisión porque ante todo vivimos en un estado de derecho donde la libertad religiosa es un derecho constitucional.
Tal y como yo lo veo la controversia del velo va mucho más allá. Para ciertos sectores, esta decisión no es la correcta y por tanto es una decisión que debe ser combatida. Para otros, el velo significa reivindicar una identidad amenazada y puesta en cuestión.
En lo concerniente a la sumisión de la mujer, yo estoy de acuerdo que es el símbolo de la sumisión de la mujer, pero no al hombre, sino a Dios. Es así como lo entienden todas las mujeres que conozco que llevan el velo, absolutamente todas. Ahora bien, el velo es el síntoma de una rectitud religiosa que implica aceptar la sumisión de la mujer al hombre, algo que también comparten el cristianismo y el judaísmo. Estas mujeres, y muchas que no llevan el velo, entienden que deben obediencia al marido aunque no se trate de una obediencia ciega. Sin embargo, me gustaría puntualizar: las mujeres "veladas" han optado por la sumisión, una decisión que muchas mujeres cristianas y judías también toman. Siempre he pensado que uno de los logros del feminismo del siglo XXI no es que la mujer sea igual al hombre, sino que la mujer pueda escoger que tipo de mujer quiere ser. ¿Quiere esto decir que acepto las situaciones de discriminación? No, evidentemente que no, pero no creo estar en posesión de la verdad y por tanto no deseo imponer mi posición al resto. Los casos de discriminación no son objetivos y si una mujer no se siente discriminada, yo no soy quién para decirle que lo está.
Para concluir, (este post está siendo más largo de que lo que pensaba y más caótico de lo planeado) decir que estamos asistiendo a un debate estéril, que mal gestionado puede dificultar la convivencia entre ambas culturas. Sentido común es lo que falta.
En efecto, uno de los argumentos más oídos es que el velo representa la sumisión de la mujer frente al hombre y por lo tanto, en una sociedad basada en la igualdad no se deberían permitir este tipo de símbolos. Un primer problema se presenta, como lo señaló el diario El País en su edición del domingo, al pensar en las implicaciones de tal afirmación: si es el símbolo de la sumisión de la mujer frente al hombre, debería prohibirse en cualquier ámbito público y no sólo en la escuela. Otro problema que presenta este argumento reside en el campo de la libertad personal. En efecto, quitando los casos en que las niñas son "obligadas" a llevar el velo, existen muchas preadolescentes y adolescentes que deciden poner el velo por muchos motivos que no son sólo estrictamente religiosos. La palabra clave es decisión: una decisión que puede que sea libre o no, al fin y al cabo no creo que existan las decisiones basadas en la completa libertad, pero son decisiones. Ellas, educadas en los valores islámicos, creen que deben llevar el velo y los demás deberíamos respetar su decisión porque ante todo vivimos en un estado de derecho donde la libertad religiosa es un derecho constitucional.
Tal y como yo lo veo la controversia del velo va mucho más allá. Para ciertos sectores, esta decisión no es la correcta y por tanto es una decisión que debe ser combatida. Para otros, el velo significa reivindicar una identidad amenazada y puesta en cuestión.
En lo concerniente a la sumisión de la mujer, yo estoy de acuerdo que es el símbolo de la sumisión de la mujer, pero no al hombre, sino a Dios. Es así como lo entienden todas las mujeres que conozco que llevan el velo, absolutamente todas. Ahora bien, el velo es el síntoma de una rectitud religiosa que implica aceptar la sumisión de la mujer al hombre, algo que también comparten el cristianismo y el judaísmo. Estas mujeres, y muchas que no llevan el velo, entienden que deben obediencia al marido aunque no se trate de una obediencia ciega. Sin embargo, me gustaría puntualizar: las mujeres "veladas" han optado por la sumisión, una decisión que muchas mujeres cristianas y judías también toman. Siempre he pensado que uno de los logros del feminismo del siglo XXI no es que la mujer sea igual al hombre, sino que la mujer pueda escoger que tipo de mujer quiere ser. ¿Quiere esto decir que acepto las situaciones de discriminación? No, evidentemente que no, pero no creo estar en posesión de la verdad y por tanto no deseo imponer mi posición al resto. Los casos de discriminación no son objetivos y si una mujer no se siente discriminada, yo no soy quién para decirle que lo está.
Para concluir, (este post está siendo más largo de que lo que pensaba y más caótico de lo planeado) decir que estamos asistiendo a un debate estéril, que mal gestionado puede dificultar la convivencia entre ambas culturas. Sentido común es lo que falta.
6 comments:
Nadia, es un tema delicado del que cuesta dar una opinión sincera por temor a ser políticamente incorrecto. Yo entiendo como tú que el feminismo hoy en día no defiende la igualdad entre hombres y mujeres sino la libertad de la mujer. Por ello, ésta debe tener derecho a escoger entre llevar o no el velo sin que ello le suponga ninguna discriminación social. Sin embargo, no creo que cuando son niñas tengan la capacidad de escoger libremente, por ello soy partidaria de que en los colegios laicos no haya símbolos religiosos de ningún tipo...
Si, yo estoy de acuerdo en que no haya símbolos ni ceremonias religiosas en los edificios públicos, como lo son las escuelas públicas, pero prohibirlo sobre las personas me parece un ataque a la libertad personal, de las niñas o de los padres que creen que le estan dando la mejor educación posible a esas niñas. Cada padre educa a sus hijos en los valores que ellos consideran los correctos. La escuela vehicula otro tipo de valores. En la mayoría de los casos ambas educaciones coinciden plenamente, en otro casos no. Si en estos últimos casos, los padres ven que la escuela es una amenaza, simplemente sacarán a sus hijas de la escuela pública y estas niñas o bien se quedarán sin educación o bien irán a parar a escuelas privadas de tipo de islámico que podrían empezar a surgir. Las niñas que llevan el velo, sea o no resultado de una decisión libre, son las que pagarán las consecuencias. Además existe cierto tufillo de superioridad occidental, por parte de algunos sectores de la derecha, con el que simplemente no puedo estar de acuerdo. El debate es mucho más profundo, Susie, estaría bien hablarlo delante de un café.
En fin, Nadia, no creo que pueda decir nada que no hayas dicho tú ya,pero tu argumento es sólo uno de los muchos en favor de la libertad de la mujer a vestir como quiera, peinarse como quiera, maquillarse como quiera y mostrar los símbolos religiosos que quiera.
Por otro lado, Susie, no estoy de acuerdo en que se prohiban los símbolos religiosos en las escuelas laicas. Siempre y cuando no los lleven los profesores en las horas lectivas.
En las escuelas laicas no se debe enseñar una religión como la correcta, pero se debe enseñar a los niños que existe una cosa llamada religión, y que son varias en todo el mundo. la capacidad de elección del niño depende del abanico que le muestres para elegir.
por otro lado, Susie, cuando eras una niña, quién elegía tu ropa? quién elegía que te cortaras o no el pelo? quién elegía si hacías clase de danza o de piano? quién elegía lo que debías comer cada día? supongo que tus padres, en el convencimiento que elegían lo mejor para ti.
Estoy de acuerdo con Nadia, siempre mejor hablar de esto ante un café.
Yo sigo pensando que en las escuelas laicas no deben mostrarse símbolos religiosos de ningún tipo, ni por parte de los alumnos ni de los maestros, aunque sí creo que debe enseñarse en clase que hay diversidad de religiones. Y aquellos padres que quieran educar a sus hijos según una determinada fe que los lleven a un colegio religioso (católico, musulmán, judío o budista) Efectivamente, los padres son quienes escogen por los hijos lo que consideran mejor para ellos porque, como comentaba, éstos no tienen capacidad de elegir. Si los quieren educar en una fe me parece perfecto pero no creo que la escuela primaria deba ser el escenario de ninguna de éstas manifestaciones. Cuando queráis nos tomamos ese café...
Me añado al tema (interesantísisisismo, bai de uei). Lo haré por puntos para intentar ser más claro:
- A mí no me molesta el velo.
- Si alguien quiere llevarlo, que lo lleve, sea donde sea.
- La única excepción son los funcionarios y/o profesores de escuelas públicas: no me parece bien que lo lleven porque representan a alguien más que a ellos. Representan al Estado, que habíamos quedado en la magnífica Constitución española que era aconfesional.
- Dicho esto, suscribo lo dicho por Duran Lleida (uno de los mejores políticos que hay, lástima de que defienda ideas tan equivocadas) en 'Tengo una pregunta para usted': si alguien lleva el velo por obligación (del padre, del cónyuge o de quien sea) me parece mal. En cualquier otro caso, me parece bien. O mejor dicho: me da igual si lo llevan.
Yo no podré tomarme ese café, pero si quereis una pinta, por aquí estaré.
Problemas de sentido en esta discusión:
¿Es el cuerpo un edificio público?
Quien lleva un velo sobre su cabeza: ¿Lo lleva en un edificio público?
¿Qué aspectos de los usos y costumbres europeos trasgrede el velo?
"Una niña no tiene conciencia para decidir, no debería usar el velo". ¿No es esa una decisión tan trascedental para su vida como decidir que sí lo use? No integrar a una niña a su tradición familiar y cultural, o a la religión de sus padres ¿No es una decisión más arbitraria aún que decidir sí hacerlo?
No están decidiendo todos los días los padres por transmitir una forma de vida al dar de comer cierta comida y ciertas marcas, llevar al cine, meterlos a Karate, dejarlos ver televisión, usar vaqueros, faldas, minifaldas, ir a Misa, cantar, oír música...es que todo esto ¿no es en sí la transmisión, legítima, de un estilo de vida y de una forma de ver el mundo e incluso de pararse ante el mundo espiritual? ¿No es esto tan legítimo como las costumbre en el vestir de una cultura y una tradición?
¿Tiene un gobierno, una cultura, o un pueblo razón al decir que es en nombre de la libertad que le exigen que inmigrantes y ciudadanos auténticos, cambien sus costumbres por las propias?. ¿Qué clase de libertad es esa? ¿Es más libre una mujer que no ha recibido ninguna clase de formación espiritual y que ha sido privada del legado de su cultura y de su espiritualidad, que una que sí lo ha recibido? ¿Es que el gobierno y la opinión pública tiene derecho de tomar decisiones por los padres de ciertos fragmentos de la población? ¿No es eso, entre otras cosas, lo que criticamos de Hitler, Franco y otros honorables caballeros de la reciente y liberadora historia europea?
Toda esta argumentación en torno a la libertad, algo pobre y gratuita, me recuerda a los bien ponderados revolucionarios franceses, que ejecutaban, vioaban y asesinaban en nombre de la libertad, a quienes no se sumaban a sus principios.
¿No está la cultura europea, y en especial la española, llena de símbolos que provienen de la religión y la devoción? ¿Debieran prohibirse las faldas, los inciensos, el pan, el vino tinto, las cofradías, las caravanas, los desfiles, las procesiones, los edificios medievales, renacentistas y muchos modernos con inspiración religiosa?
En esta amable distancia, esta discusión en Francia, en Inglaterra, en España, parece tan inconsistente y tan arbitraria como la que tantas veces ha presentado el pueblo europeo para justificar la intolerancia, el racismo, y la xenofobia. Pueblos que, como el naciente y heterogeneo pueblo de los Estados Unidos, hablan a destajo de la libertad y la democracia, con un importante apoyo corporativo.
Parece sólo el discurso de un viejo prejuicio, de un viejo temor humano ante todo lo que amenaza una forma de vida, una cultura; que a estas alturas está destinada a la transformación. ¿Qué clase de diversidad y libertad hay en un mundo en donde todos tienen que vestirse iguales? ¿Qué clase de libertad es la que impide que un ser humano tome una decisión tan íntima y la lleve a cabo con integridad, aún cuando no está agrediendo de facto a nadie al cumplir la visión que ha gestado de su propia vida?
Amantes de la libertad: ¿qué libertad es la que aman?
Su Amigo Íntimo
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